Diez camionetas toyota




Parece nombre de canción vallenata pero es realismo y no mágico. Te invito a leer por cinco minutos de entretenimiento este escrito hecho a partir de la aplicación del pensamiento crítico…

Hoy vi pasar justo a mi lado una caravana de al menos diez camionetas Toyota de alta gama (Prado, 4Runner, Fortuner) todas forradas con vinilo publicitario, promoviendo candidaturas al Congreso, era como un desfile, como algo excepcional, que solo se ve en época electoral. 

Diez vehículos así no son un detalle menor, Son una decisión de estrategia de campaña. Y yo, que soy inquieta me puse a sacar cuentas imaginándome que tal vez algún día me den los números para que yo pueda ser candidata a la cámara de representantes, y es bueno tener claro cuánto me podría costar una campaña al Congreso de la República. 

Siendo juiciosas con las matemáticas cada una de esas camionetas cuesta, en el mercado, entre 300 y 400 millones de pesos. Diez juntas representan activos cercanos a los 3.500 millones. Aunque no todas sean propiedad del candidato y digamos que algunas puedan ser venezolanas (aunque eso ya no se usa) están ahí, disponibles para su uso, circulando como símbolo de poder. El mensaje no es el programa de gobierno o la propuesta de gestión parlamentaria. El mensaje es la capacidad de hacerse sentir y llegar pisando fuerte, diciendo de forma simbólica a la gente: aquí estoy yo!! 

Sigue la suma, forrar completamente un vehículo de ese tamaño con vinilo publicitario cuesta alrededor de 3 millones de pesos y como son vehículos alta gama sube a 4 millones. Entonces, diez vehículos de la caravana suman 40 millones solo para cubrirlos con imagen política publicitaria. Un gasto que no mejora una vía, no conecta un acueducto, no enciende un bombillo. Dura lo que dura la campaña. Luego se retira y se desecha, porque no queda sirviendo para nada, por lo menos los pendones sirven de lonas para los ranchos, pero el vinilo una vez se instala al retirarse solo es basura. 

Mover una caravana así durante un día completo de campaña implica gasolina. Cada camioneta de estas consume, en promedio, 30 litros diarios en recorridos urbanos y rurales intensos. Diez vehículos: 300 litros por día. A precios actuales, más de un millón de pesos diarios solo para que avancen. Treinta días: alrededor de 40 millones al mes solo en combustible.

Pero los carros no viajan solos. Van llenos de gente, Conductores, escoltas, logística, publicidad, y acompañantes (voluntarios). Digamos que Unas cuarenta personas, como mínimo, acompañan a este tipo de candidatos en sus recorridos. Alimentarlas e hidratarlas durante una jornada larga en clima extremo como el nuestro cuesta, siendo conservadores (pero ya no del partido), 45 mil pesos por persona al día, casi dos millones diarios. Más de 50 millones al mes solo para que el equipo coma y no se desmotive, porque con hambre nadie trabaja. Aquí no incluimos en la cuenta si este equipo primario recibe algún tipo de salario o reconocimiento o recompensa económica por su acompañamiento permanente, esa es otra cuenta.

La caravana también hace ruido. Parlantes, micrófonos, plantas eléctricas. El alquiler mensual de un sistema de sonido móvil básico pero permanente ronda los 12 o 15 millones de pesos. No para un evento masivo, sino para que la presencia se note en cada parada. Cuando el candidato llegue a la visita, a la reunión en algún sector, o en la casa de algún líder o Lidereza, pero que en el barrio se sienta quien tiene la fuerza. 

Ahora sumemos solo eso: vinilos, gasolina, alimentación y sonido. Sin contar hospedaje si toca quedarse a dormir, impresos adicionales, tarimas si son eventos masivos, publicidad paga en redes sociales, medios, alianzas políticas, ni favores que le piden al candidato. El resultado supera con facilidad los 180 millones de pesos mensuales (siendo austeros) para sostener la escena que dura unos minutos frente a una casa, una tienda, o una esquina.

Y aquí aparece la pregunta que casi nunca se dice en voz alta: 

Si una persona quisiera financiar únicamente esta estrategia (estamos hablando solo de la caravana), ¿cuánto tendría que ganar al mes? ¿Cuáles tendrían que ser sus ingresos para gastar 180 millones o más mensuales sin que su vida económica colapse?

No es una pregunta ideológica, es matemática básica. Eso significa que se deben tener asegurados ingresos mensuales de 450 a 600 millones de pesos, si se acepta la regla mínima de cualquier economía doméstica: no gastar más del 30 o 40 % de lo que se gana en proyectos personales. 

Lo sé porque yo fui candidata y también tuve que sacar cuentas, y hacerme preguntas para medir mis posibilidades, cuando en 2019 aspiré a la Asamblea departamental de La Guajira. En ese entonces, mi campaña se movió en una Renault Duster modelo 2015 y, en algunos momentos, en mi automóvil Hyundai Accent modelo 2010, este último carro solo circulaba en Maicao. Cuando salíamos a recorridos en el departamento únicamente Íbamos quien conducía y yo, y a veces una persona más que nos acompañaba. Así recorrí el departamento. Así hice campaña. Sin caravana. Sin sonido permanente. Sin vinilos cubriendo diez puertas. 

No lo digo como gesto heroico ni como nostalgia. Lo digo como dato. Como contraste. Como prueba de que otra forma de hacer política existe, aunque hoy parezca anacrónica frente al carnaval de carros empapelados que se toma las calles cada cuatro años.

Esto no es ficción, ni es parte de la imaginación, es algo real y palpable, y se vuelve una escena más perturbadora cuando la caravana ingresa a un barrio sin pavimento, donde lo que hay es el tierrero. Donde el servicio eléctrico es de pésima calidad. Donde el agua llega por carrotanque, en burrito o no llega. Donde no hay alcantarillado. Un lugar donde el ingreso mensual de una familia puede ser inferior a un millón de pesos y eso ya es mucho. 

Ahora les pregunto a ustedes mis lectores: ¿Qué se siente cuando pasan diez camionetas que juntas cuestan lo que ese barrio no ha recibido en inversión pública en décadas?

😲¿Asombro?

🤩¿Orgullo porque “alguien importante” llegó?

🤬¿Rabia por el contraste?

😓¿Dolor por lo que no llega nunca?

‼️¿Admiración por el despliegue?

🫠¿O resignación, porque así es la política?

La caravana de carros de alta gama forrados con publicidad política dura poco tiempo en su recorrido, cumple su función y luego se va, el polvo vuelve a asentarse y el barrio sigue igual. La electricidad no mejora, el agua potable no llega por la tubería, lo que sí queda es la imagen grabada en la mente, acompañada de una pregunta en el ambiente: si para pedir el voto hay que gastar cientos de millones solo para moverse, ¿con qué lógica se gobernará después? Otros afirman: este candidato tiene plata y por eso va a ganar, a mí que me den lo mío ahora porque después no se acuerdan de uno, no responden el celular, no se les ve mas la cara ni los carros por estos lares.


Estas caravanas solo aparecen en época electoral. Son un carnaval periódico. Una irrupción de recursos en territorios históricamente empobrecidos. No transforman el lugar, solo lo atraviesan. No resuelven, solo se exhiben, muestran su poder financiero, porque están convencidos de que la gente vota por el que tiene plata. 

Tal vez el problema no es que pasen, tal vez el problema es que la ciudadanía se acostumbro a verlas pasar y a no preguntarse qué dice de nosotros, como sociedad,  un sistema donde la representación política entra al barrio forrada en vinilo, gasolina y ruido. Luego de épocas de campaña, elegido el jefe de la caravana, todo vuelve a ser igual, pero con un ingrediente adicional: le seguimos echando la culpa al político de turno por nuestra situación pero no asumimos nuestra responsabilidad por haberlo elegido. Tal vez ya es hora de cambiar el chip. Dejar de medir a los candidatos por el ruido, el tamaño de la caravana o la plata que exhiben, y empezar a exigir ideas, coherencia y compromiso real con los territorios.

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